Cerramos el capítulo de módulos con una cuestión de diseño que distingue a un buen ingeniero de infraestructura: ¿debo hacer mis módulos muy genéricos (que sirvan para todo) o específicos de mi dominio (que resuelvan exactamente mi caso)? No hay una respuesta única, pero entender el equilibrio te ayudará a diseñar módulos que de verdad faciliten el trabajo, en lugar de complicarlo.

Dos filosofías de diseño

Cuando creas un módulo, te enfrentas a una decisión sobre cuánta flexibilidad ofrecer:

Módulo genérico

Un módulo genérico intenta servir para muchos casos distintos. Expone muchas variables de entrada para que quien lo use pueda configurarlo todo. Es flexible y muy reutilizable.

Módulo "servidor-genérico" con 40 variables:
  tipo, sistema operativo, disco, red, seguridad,
  monitorización, backups, escalado, etiquetas... etc.

Ventaja: sirve para casi cualquier situación. Inconveniente: es complejo de usar, porque quien lo llama tiene que entender y rellenar muchas opciones, y puede equivocarse.

Módulo específico de dominio

Un módulo específico de dominio resuelve un caso concreto de tu organización, con decisiones ya tomadas. Expone pocas variables porque la mayoría de cosas vienen fijadas según las convenciones de tu empresa.

Módulo "servidor-web-empresa" con 3 variables:
  nombre, entorno, tamaño
  (todo lo demás ya está decidido según las normas de la empresa)

Ventaja: facilísimo de usar, y aplica automáticamente las buenas prácticas de tu empresa. Inconveniente: solo sirve para ese caso concreto; no es reutilizable fuera de tu contexto.

La analogía: herramienta de relojero vs navaja suiza

Un módulo genérico es como una caja de herramientas profesional completa: tiene de todo y sirve para cualquier trabajo, pero necesitas saber qué herramienta coger y cómo usarla. Un módulo específico de dominio es como un kit listo para una tarea concreta («kit para colgar un cuadro»): solo trae lo justo, con instrucciones simples, y resuelve ese problema sin que tengas que pensar. Para colgar un cuadro, el kit es más cómodo; para trabajos variados, necesitas la caja completa.

El problema de pasarse de genérico

Un error muy común de los principiantes es intentar hacer todo súper genérico «por si acaso». El resultado es un módulo con decenas de variables que es tan complicado de usar como escribir los recursos a mano. Has añadido complejidad sin aportar valor.

Módulo con 50 variables "por si acaso":
  → tan difícil de configurar que nadie quiere usarlo
  → el objetivo de los módulos (simplificar) se pierde ⚠️

Regla de oro: un módulo debe esconder complejidad, no añadirla. Si usar tu módulo es tan difícil como no usarlo, algo va mal en el diseño.

El problema de pasarse de específico

El extremo contrario también tiene su riesgo: si haces módulos tan específicos que cada uno sirve para un solo proyecto, acabas con muchísimos módulos casi idénticos y poca reutilización real. Pierdes parte del beneficio de los módulos.

El equilibrio: la regla práctica

La clave está en el equilibrio, y una buena estrategia es la de las dos capas:

Capa 1 — Módulos GENÉRICOS (base, reutilizables)
   "modulo-vpc", "modulo-servidor"  (flexibles, pocas decisiones tomadas)
        │ usados por...
        ▼
Capa 2 — Módulos ESPECÍFICOS de dominio (envuelven a los genéricos)
   "red-empresa", "servidor-web-empresa"
   (aplican las convenciones de la empresa, fáciles de usar)
        │ usados por...
        ▼
   Los equipos de cada proyecto (que solo pasan 2-3 valores)
  • Los módulos genéricos (a menudo del Registry, subcapítulo 18.3, o módulos base propios) aportan la flexibilidad y la lógica reutilizable.
  • Los módulos específicos de dominio los envuelven, fijando las decisiones de tu empresa (seguridad, nombres, regiones...) y exponiendo solo lo justo. Son los que usan los equipos.

Ejemplo del mundo real: el equipo de plataforma de una empresa usa el módulo de VPC genérico del Registry (que tiene 40 opciones). Pero no obliga a cada equipo a lidiar con esas 40 opciones. En su lugar, crea un módulo específico red-empresa que internamente llama al genérico con todas las decisiones corporativas ya tomadas (rangos, etiquetas, seguridad), y solo pide al usuario un nombre y un entorno. Los equipos obtienen una red perfecta pasando dos valores, y la flexibilidad del módulo genérico sigue ahí por debajo cuando hace falta.

Preguntas para decidir cómo diseñar tu módulo

Cuando crees un módulo, pregúntate:

  • ¿Quién lo va a usar? Si son muchos equipos no expertos → tira a específico y fácil. Si es para el equipo de plataforma → puede ser más genérico.
  • ¿Cuántas veces y en cuántos contextos se usará? Muy reutilizado en contextos variados → más genérico. Para un caso concreto de tu empresa → específico.
  • ¿Estoy escondiendo complejidad o añadiéndola? Si añades complejidad, replantéatelo.
  • ¿Cada variable que expongo es realmente necesaria? En la duda, menos variables: empieza simple y añade flexibilidad solo cuando se demuestre necesaria.

Lo que debes recordar

  • Al diseñar un módulo, eliges cuánta flexibilidad ofrecer: genérico (muchas variables, sirve para mucho, pero complejo de usar) o específico de dominio (pocas variables, fácil, pero solo para tu caso).
  • Como herramientas: el genérico es la caja completa (versátil pero requiere saber); el específico es el kit para una tarea (cómodo y directo).
  • Error común: pasarse de genérico «por si acaso» y crear un módulo tan complicado que no simplifica nada. Un módulo debe esconder complejidad, no añadirla.
  • Mejor estrategia: dos capas. Módulos genéricos (base/Registry) que aportan flexibilidad, envueltos por módulos específicos de dominio que fijan las convenciones de la empresa y son fáciles de usar.
  • En la duda, empieza simple (pocas variables) y añade flexibilidad solo cuando se demuestre necesaria.

¡Has terminado el Capítulo 18! Ya sabes diseñar, versionar y componer módulos como un profesional. En el Capítulo 19 veremos cómo gestionar múltiples entornos (desarrollo, staging, producción) con Terraform: workspaces, estrategias de directorios y Terragrunt.

Cloud, AWS & Terraform — De cero a experto

Capítulo 1 · Qué es el cloud computing

Capítulo 2 · El mercado cloud y los grandes proveedores

Capítulo 3 · Regiones, zonas de disponibilidad y edge

Capítulo 4 · Cómputo: EC2

Capítulo 5 · Almacenamiento: S3

Capítulo 6 · Redes: VPC

Capítulo 7 · Identidad y acceso: IAM

Capítulo 8 · Bases de datos gestionadas

Capítulo 9 · Por qué Infraestructura como Código

Capítulo 10 · HCL: el lenguaje de Terraform

Capítulo 11 · Providers y estado

Capítulo 12 · Tu primera infraestructura real en Terraform

Capítulo 13 · Balanceo de carga y autoescalado

Capítulo 14 · Serverless con Lambda

Capítulo 15 · Mensajería y eventos

Capítulo 16 · Entrega de contenido y DNS

Capítulo 17 · Contenedores en AWS

Capítulo 18 · Módulos: reutilización y composición

Capítulo 19 · Workspaces y gestión de entornos

Capítulo 20 · Backends remotos y locking

Capítulo 21 · Testing de infraestructura

Capítulo 22 · Terraform en CI/CD

Capítulo 23 · Seguridad en profundidad

Capítulo 24 · Observabilidad: logs, métricas y trazas

Capítulo 25 · Optimización de costes

Capítulo 26 · Alta disponibilidad y disaster recovery

Capítulo 27 · Well-Architected Framework de AWS

Capítulo 28 · Arquitecturas serverless a escala

Capítulo 29 · Plataformas de datos en AWS

Capítulo 30 · Multi-cuenta y landing zones

Capítulo 31 · Platform Engineering e Internal Developer Platform

Capítulo 32 · Certificaciones AWS relevantes

Capítulo 33 · Proyectos para consolidar lo aprendido

Capítulo 34 · Recursos y comunidad

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